La panadería que ahora responde WhatsApp sola, sin perder su toque humano
Hay una panadería en un pueblo pequeño, de esas donde el olor a pan recién horneado se mete
por la calle antes de que abra la puerta, que hasta hace poco perdía pedidos por algo tan simple
como no llegar a tiempo al teléfono. La dueña horneaba con las manos llenas de harina mientras
el celular sonaba, y sonaba, y muchas veces nadie contestaba.
Hoy, ese mismo negocio tiene un asistente de inteligencia artificial que responde los mensajes
de WhatsApp, confirma pedidos, avisa horarios de entrega y, cuando la pregunta se sale de lo
básico, avisa a la dueña para que ella misma responda. No reemplazó su voz. La liberó para que
pudiera seguir horneando sin perder al cliente que escribe a las siete de la mañana.
"La tecnología no es buena ni mala; ni siquiera es neutral", Melvin Kranzberg
Cito esta frase porque resume bien lo que he aprendido en estos meses aprendiendo IA: la
herramienta no decide nada por sí sola. Decide quien la usa, y para qué la usa. Esa panadería
podría haber instalado un contestador automático frío, de esos que hacen sentir al cliente que
habla con una máquina. En cambio, decidió configurar el asistente para que sonara cercano,
para que hablara como habla el pueblo, con las mismas expresiones de siempre. Ahí está la
diferencia.
Lo mismo aplica a los gastrobares, a las tiendas de barrio, a los pequeños hoteles familiares que
conozco. La pregunta nunca es si la IA les va a quitar el alma al negocio. La pregunta es quién la
programa, y con qué intención.
"No es la especie más fuerte la que sobrevive, sino la que mejor se adapta al cambio",
atribuida a Charles Darwin
No hace falta ser programador para dar ese paso. La dueña de la panadería no escribió una sola
línea de código: solo tuvo la voluntad de aprender, probar, y adaptar la herramienta a su forma
de atender. Ese es, para mí, el verdadero significado de una IA de pueblo: no la que impresiona
en una conferencia de tecnología, sino la que le devuelve tiempo a alguien que trabaja con las
manos.
Si tienes un negocio así, pequeño, cercano, con más trabajo del que da el día, la pregunta que te
dejo es sencilla: ¿qué harías con un par de horas más cada semana?
@RafaCely
IAde Pueblo

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