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28.01.16

La germanofobia y las culpas ajenas

El siguiente texto del filósofo francés Bernard Henri Lévy destripa los prejucios y radicalismos acerca de Alemania y su influencia en Europa. El análisis del reconocido escritor desenmascara cierta hipocresía a la hora de justificar los fracasos de diversos gobiernos.  Alemania no es perfecta, ni tan poco Europa. " Quién este libre de pecado, que tire la primer piedra".




La reciente portada de Der Spiegel, en la que aparece la canciller alemana Angela Merkel delante de la Acrópolis y rodeada de oficiales nazis, sirve para algo importante: plantea, de forma ya insoslayable, el problema de la germanofobia en Europa. Hace bastante tiempo que se insulta a Alemania. En las manifestaciones registradas en Chipre en marzo de 2013 se vieron pancartas con caricaturas de Merkel en las que parecía un remedo de Hitler. En la misma época, durante las Fallas valencianas, se vio a una Merkel encarnada en una malvada directora de colegio enseñando al presidente del Gobierno español y a sus ministros  "Los diez mandamientos de la Angela Exterminadora". Su monigote acabó ardiendo en la hoguera del día de San José. Dos meses después, en concentraciones similares en Portugal, se vieron caricaturas de Merkel igualmente nazificada,que portaban virulentos manifestantes que, con ropa de luto, denostaban la “política de masacre de los pobres” de la dirigente.

Además, por supuesto, está Grecia, donde el fenómeno alcanzó su apogeo durante los incidentes, casi disturbios, de octubre de 2012, en los que el mundo asistió al espectáculo de ver ondear conjuntamente las banderas nazi y alemana, después quemadas ante la Acrópolis, en escenas que presagiaban la portada de Der Spiegel. En Italia, el periódico derechista Il Giornale no tuvo ningún escrúpulo en dedicar su titular del 3 de agosto de 2012 al surgimiento del “Cuarto Reich”. Del mismo modo, según páginas web del norte de Europa dadas a la conspiración, el empeño que ha puesto Alemania en apoyar al presidente ucranio, Petró Poroshenko, frente al ruso, Vladímir Putin, reproduce el sometimiento que sufrió Ucrania a manos de Hitler.

Después está Francia, donde parece que se compite por proferir las críticas más populistas contra el nuevo y detestable “imperio alemán”. Desde la extrema derecha, la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, regaña a Merkel por el “sufrimiento” que está infligiendo a los pueblos de Europa. Desde el extremo opuesto, tenemos a Jean-Luc Mélenchon, del Partido de Izquierda, arremetiendo contra la política de “austeridad” de Merkel, a la que invita a “cerrar el pico”.

El problema de esta germanofobia no es solo que sea estúpida, ni que constituya un síntoma más de la descomposición, ante nuestros propios ojos, del noble proyecto de favorecer una integración y una unión europeas cada vez mayores. No, el problema de la germanofobia actual es que, en contra de lo que nos quieren hacer creer los aprendices de brujo que la han atizado, ese comportamiento no es indicio de una auténtica oposición al verdadero fascismo que se atisba en el horizonte, sino, más bien, de la pleitesía e incluso de la contribución al mismo. ¿Por qué?
Hay varias razones. Para empezar, oponerse a la políticas social, económica y exterior de Alemania equiparando a Merkel con Hitler es banalizar a Hitler. Por legítimo que pueda ser el desacuerdo con esas políticas, Alemania es una de las democracias más cuidadosas y ejemplares del continente. Decir que se parece al régimen nazi —algo que en Europa todavía significa la destrucción de la democracia (y de la propia civilización)— es exonerar a ese régimen, y tranquilizar y dar alas a los neofascistas actuales, permitiéndoles, deliberadamente o no, volver a participar en el debate público. Es más (y aquí está la clave), casualmente, quienes más dispuestos están en desacreditar a Merkel son los mismos que no dudan en bailar el vals con neonazis vieneses o, como en Atenas, aliarse con los líderes de un partido extremista.

La polvareda que ha levantado el supuesto “reencuentro [de Alemania] con sus demonios” enmascara la voz de partidos fascistas —desde Amanecer Dorado en Grecia hasta Jobbik en Hungría, pasando por el SNS de Eslovaquia, el Vlaams Belang belga y el búlgaro Ataka— que se están consolidando en Europa. También hay que señalar la condición de mujer de Merkel, y que el odio a las mujeres —el desprecio que, junto a los judíos, les merecían a los teóricos racistas de las décadas de 1920 y 1930— ha sido un componente de todas las manifestaciones del fascismo. Los lemas que se escucharon en Valencia en octubre de 2012 —donde a los manifestantes se les instaba a corear, frente a la efigie de la canciller: “Amarás al dinero sobre todas las cosas” y “Honrarás a los bancos y a la banca”— tenían el inconfundible hedor de las antiguas retahílas sobre “el becerro de oro” y la “plutocracia cosmopolita”.

La gente ha comprendido que el antiamericanismo, nacido de la extrema derecha y alimentado en Alemania, por ejemplo, por la filosofía de Martin Heidegger y sus acólitos, es un aditamento del fascismo. Ha llegado al momento de que comprendamos que lo mismo puede decirse de la germanofobia. En Francia apareció con el novelista y activista antisemita Maurice Barrès, que veía en la filosofía de Immanuel Kant un vehículo de la “judaización” del pensamiento europeo. Triunfó con la Acción Francesa de Charles Maurras y con su prolongada guerra contra las “abstracciones judías y germánicas”. Y culminó con las células pardas que, todavía en la actualidad, en páginas web que prefiero no mencionar, ofrecen “manduca” y un “escondite” a personas que quieran “cargarse” a los “jefes” que están “a sueldo” de la canciller. La historia de las ideas tiene su lógica, su razón y sus caprichos, su inconsciente y su trayectoria. Negar cualquiera de esos elementos es tan vano como peligroso. Por eso hoy en día, frente a una fuerza oscura que surge, prolifera y se despliega en Europa, es tan absolutamente vital defender a Angela Merkel.

Bernard-Henri Lévy es filósofo.
Tomado de El País- España
© Project Syndicate, 2015.
Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.
divulgadormultimedia.blogspot.de
Rafa Cely Ulloa

28.08.15

No son ratas de alcantarilla


 Las sociedades del siglo XXI deberían revisar si persisten en dar la espalda  a la mayor crisis humanitaria que se vive por los refugiados en Europa o apuestan por la solidaridad. Estos  días, más que nunca se necesita cambiar el discurso intolerante, xenófobo y prejuicioso de quienes intentan vender por intereses económicos, políticos o sociales un mensaje discriminatorio y completamente inhumano.

Solo hay que ver y escuchar cada día las ocurrencias de Mr. Trump; seudo político millonario y racista que intenta convencernos de un mundo “blanco y sin inmigrantes”. Primero habría que borrar de la faz de la tierra la miseria, la exclusión y la pobreza de los millones de ciudadanos en el planeta. Trump quiere ganar la casa blanca a costa del miedo y la alevosía. Busca la confrontación y el voto fácil en los Estados Unidos. Lo peor es que haya mucha gente que se lo cree. Las  encuestas lo señalan como  posible candidato oficial del partido Republicano de ese país. Estremece de solo imaginarlo en el poder político.

Mientras en España,  el candidato del PP a presidir la Generalitat, Xavier García Albiol, ha prometido que  ampliará sus ideas discriminatorias a toda Cataluña, tras su fracaso como alcalde en Badalona. Quiere  hacernos creer que su mundo y Cataluña estarán mejor sin extranjeros. Otra manifestación  de ultraderecha, acorde con lo que piensan en su partido, intentando esconder su verdadera  intención prejuiciosa y arbitraria, ahora cuando se aproximan las elecciones emitiendo mensajes confusos sobre la tarjeta sanitaria para los inmigrantes, que ellos mismos suprimieron.

Pero el problema de la intolerancia, se cuece en todo el continente europeo y en toda parte, hay que observar los ejemplos en diferentes países y el ascenso rápido de estas facciones radicales que pregonan la antiinmigración y fomentan la xenofobia, muchos con presencia en el Parlamento Europeo.  También  en África, Latinoamérica, Asia u Oceanía, nadie se salva de la vorágine racista de este siglo. Parece una cacería  sin límites.

La canciller  alemana Angela Merkel ha calificado de "repugnantes" y "no dignos de nuestro país" los ataque xenófobos, la canciller visitó por primera vez Marxloh, un barrio de Duisburg  con bastantes problemas sociales, allí fue abucheada, mientras el vicecanciller Sigmund Gabriel visitó el albergue de Heidenau donde un grupo de unos 200 manifestantes convocados por el partido de extrema derecha NPD hirió a más de 30 policías en su empeño por destruir las instalaciones del centro temporal de acogida. Precisamente, por sus posturas frente al tema, el SPD (partido socialista alemán), ha sido amenazado. Según una fuente;  “Hemos recibido más de 300 correos y más de 150 llamadas telefónicas donde se insulta y se intimida a los empleados y los políticos del partido”, dijo.

Este año, este país recibirá a 800.00 solicitudes de asilo, cuatro veces más que el número de acogidos en 2014. Lo que ha provocado la virulencia de los xenófobos. En lo últimos días se han contabilizado 202 ataques hasta julio. Incluso durante las protestas se ha podido escuchar gritos de "Heil Hitler" o  "extranjeros fuera". Su odio o desinformación olvida que son personas como ellos. Familias, niños y mujeres, mueren hacinados en camiones o ahogados cruzando el mar. La mayor injusticia social comparada solo con la guerra.

El auge del Movimiento Pegida cada vez preocupa más al gobierno de Merkel. Pese a todo esto, la mayoría de la sociedad alemana comprende lo que pasa y ayuda a estas personas. Incluso, la televisión intenta mostrar programas que sensibilicen y den un enfoque real de la situación, hasta se ponen series de historia alemana donde se ve lo mal que lo pasaron los ciudadanos con la guerra. Para recordar que  casi todos los pueblos llevan consigo un lastre de pobreza y sufrimiento.

Según el  sacerdote Christian Wolff, quien durante 20 años ha trabajado con  exiliados en la parroquia de Santo Tomás en Leipzig y al que no parece asombrar esta ola de violencia. "Lo que estamos viendo es el resultado de varias décadas de fracaso en políticas de integración", apunta.

La alternativa
                                                                                   
Menos mal que no todo es discriminación, radicalidad o ataques xenófobos, existe una inmensa corriente europea, norteamericana, sudamericana, asiática e internacional, en el sentido amplio de la solidaridad, del respeto al “otro”. De reconocer que unos nacen con posibilidades y otros deben buscarlas, incluso arriesgando sus vidas y las de sus familias. Ayuda humanitaria sin complejos.

                                   Refugiados sirios  son bienvenidos en Alemania


Alemania, ha dado un primer paso, la Oficina Federal de Migración y Refugiados ha suspendido el Protocolo de Dublín, que data de 1990 y que obligaba a los refugiados a solicitar asilo en el primer país europeo en el que estuvieron. La medida solo afecta a los migrantes procedentes de Siria y no de otros países que busquen asilo. Los partidos políticos, en general, están mostrando una posición positiva y de ayuda a los refugiados, pero sigue siendo insuficiente.
                             
Otro buen ejemplo de solidaridad ha sido el del actor Til Schweiger  que creó una  fundación para ayudar a niños refugiados y que pretende “generar una atmósfera de bienvenida para las personas que tras huir del terror y la guerra se han visto expuestas a toda clase de desgracias y peligros”, ha señalado.
Según confirmó la empresa del artista, Barefoot-Films, la “Til Schweiger Foundation”, es ya una realidad y cuenta con el apoyo de personalidades de la sociedad alemana,  como el entrenador de la selección nacional de fútbol, Joachim Löw;  el presidente del Partido Socialdemócrata Alemán, Sigmar Gabriel; el rapero Thomas D;  el actor Jan Josef Liefers y el director de animación del canal de televisión ARD, Thomas Schreibe, entre otros.
                                                            
                                                                                              actor Til Schweiger   
                                                                                                            

El intérprete de películas como  “Malditos bastardos” de Tarantino, ha explicado que el apoyo de la fundación no está solo destinado a menores refugiados, sino en general a niños traumatizados alemanes, “de los que también hay muchos”, precisó.  El primer proyecto de la Fundación es apoyar al centro de acogida para refugiados en Osnabrück, en  Renania del Norte-Westfalia.  Schweiger dijo que sin necesidad de publicidad ya ha logrado recaudar 250.000 euros -100.000 de su propio bolsillo- para poner en marcha la fundación. El artista declaro que tomó la iniciativa de esta fundación al ver las noticias diarias y el drama que viven estas personas  para tratar de  conseguir un porvenir para sus familias.

Tanto Alemania, como los países europeos, iberoamericanos, africanos, asiáticos o de cualquier parte, tendrían que empezar con un proceso de aprehensión sobre los conceptos de solidaridad, ayuda y refugio llevándolos a la verdadera práctica, aunque sea con pequeños gestos contra cualquier tipo de discriminación. Para terminar de una vez por todas con la injusticia social, la muerte de víctimas inocentes, anónimas,  anteponiendo la idea universal de que todos son humanos no ratas de alcantarilla.

Rafa Cely Ulloa
Divulgadormultimedia.blogspot.de
Frankfurt-Alemania


17.04.15

Cuando conocí a Gabriel García Márquez

Un año de luto sin Gabo


Este 17 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez. Nobel de literatura y autor de Cien años de Soledad. Un año en el que se han escrito demasiado y poco con, miles de fotos, vídeos, añoranzas y críticas a su obra y persona. Han dejado de manifiesto que el "Maestro" pervivirá en el recuerdo y sus obras seguirán siendo más leídas y reconocidas. Un año en que el periodismo del mundo sigue en crisis y en el que la Comunicación avasalla sin piedad, todo anunciado por él, hace mucho tiempo. Nuestro humilde homenaje es cada día hacer mejor nuestro trabajo, aportar con nuestra visión y mantener el ejemplo vivo de  hacer  un "periodismo leal, crítico y pensando en la gente".Que en Paz Descanse. Os dejo este texto escrito hace un año, sobre el impactante recuerdo de conocerle y compartir con él un taller en la Fundación para el Nuevo Periodismo

La primera vez que vi a Gabriel García Márquez fue en Ibagué en 1996 para el estreno de una película basada en uno de sus textos y de Sófocles, “Edipo Alcalde”, aquella noche estuve durante más de tres horas esperándole fuera para hacerle una entrevista. Tarea difícil aquella, porque yo era un simple reportero de la sección de Cultura de un periodico  local y él, un intelectual que reinventó el periodismo.  

Sobre las 22 horas, salió del pre estreno, tan pronto lo vi, empecé a temblar y en un ataque de valentía me fui directamente a su encuentro, mientras alguno de sus acompañantes se interponía en el camino, logré superarlo con un driblin de delantero y me paré frente suyo: Buenas noches maestro, - dije-, ¿Cómo le pareció la película?, disparé. Allí empezó una conversación de unos diez minutos que nunca olvidaré y que se publicó al día siguiente en la edición diaria.  

Fue tanto el hablar e insistir que Gabo, con prisa, me dijo; “Los periodistas siempre saben cómo empezar una entrevista, pero nunca terminarla“, yo asentí e hice mi última pregunta. Él, ya un poco mosqueado me espetó caminando; “ve a la Fundación para el Nuevo Periodismo”.  

Le hice caso, tras un difícil proceso de inscripción me apunté a un Taller sobre Reportaje cuyo objetivo era conversar con García Márquez, aprender algo más del oficio pero sobretodo descubrirlo. Llegué a Cartagena de Indias, con la ilusión de un niño y el nerviosismo de un adolescente que vería a su máximo héroe. 

Ya en el taller estuvimos hablando un rato con unos 12 periodistas asistentes al Curso. Cuando de pronto apareció Gabriel García Márquez, con un halo de dandi y un cierto aire angelical. Yo estaba muy nervioso casi atónito.  

Se sentó a mi lado, vestía de dril, con una camiseta ancha de colores tropicales y unas chanclas que denotaban el largo de sus dedos. Lo pude comprobar cuando se acomodó ante el asiento. Habló de todo; pero más de periodismo, de política, de cultura, del Gobierno de Samper (19941998) y de una huelga de peajes que había en ese momento en el país, se atrevió a aseverar que ese problema podría tumbar al presidente, se equivocó. Incluso alguien le preguntó sobre sus proyectos a lo que respondió con desparpajo: “me faltan años para hacer más cosas”.
Ríos de tinta se han escrito en el mundo tras su muerte: lugares, amigos, política, fotos cine, televisión, teatro, música, arte, literatura y hasta supimos que le gustaba el tenis, un largo sinfín de temas que demuestra la connotación del Nobel en las personas, sin exagerar. Elena Poniatowska, dijo que “antes de Gabo éramos los condenados de la Tierra. Pero con sus Cien años de soledad le dio alas a América Latina. Y es ese gran vuelo el que hoy nos envuelve y hace que nos crezcan flores en la cabeza“. Habría que añadir que el vuelo se extendió por el mundo. Su propio sentido Universal, el mismo que reflejó en sus libros. Igual se le podía entender en el Banco, Magdalena, en Limburg Lahn, Shanghái, Izmir, Temacula, Addis Abeda, Madagascar o la luna, el caso es que Gabo, enseñó a la sociedad del mundo. Personalmente me quedo con su persistencia y sus ganas de vivir, pese a los años siempre quiso hacer algo y eso reivindica la noción de existir. Una vida sin objetivos no es vida.


La cátedra de ese día en la Fundación para el Nuevo Periodismo estuvo plagada de anécdotas y algunas historias, duró unos minutos, y luego Gabo se fue como vino. Con su aire de otro planeta. Nos quedamos en silencio y con la sensación que era poco. Esa misma noche el grupo se citó para cenar y según me contaron, Gabo asistió y se tomó un par de  güisquis . Yo estuve enfermo y con dolor de estómago toda la noche. Llegué a pensar que había sido por la emoción de conocerle personalmente, de percibir su energía, aunque sea un poco, que fue mucho. De tenerle cerca, de captarlo como escritor, cineasta, periodista o simplemente como un gran ser humano, un genio.  

Después de saber la noticia de su muerte, el jueves santo me entró un frío en el cuerpo y curiosamente sentí que las piernas me seguían temblando, como cuando lo vi por primera vez.  



Por Rafa Cely Ulloa  

Divulgador multimedia 
Imagen U. Libre

2015/D@


12.04.15

La germanofobia o las culpas ajenas

El siguiente texto del filósofo francés Bernard Henri Lévy destripa los prejucios y radicalismos acerca de Alemania y su influencia en Europa. El análisis del reconocido escritor desenmascara cierta hipocresía a la hora de justificar los fracasos de diversos gobiernos.  Alemania no es perfecta, ni tan poco Europa. " Quién este libre de pecado, que tire la primer piedra".




La reciente portada de Der Spiegel, en la que aparece la canciller alemana Angela Merkel delante de la Acrópolis y rodeada de oficiales nazis, sirve para algo importante: plantea, de forma ya insoslayable, el problema de la germanofobia en Europa. Hace bastante tiempo que se insulta a Alemania. En las manifestaciones registradas en Chipre en marzo de 2013 se vieron pancartas con caricaturas de Merkel en las que parecía un remedo de Hitler. En la misma época, durante las Fallas valencianas, se vio a una Merkel encarnada en una malvada directora de colegio enseñando al presidente del Gobierno español y a sus ministros  "Los diez mandamientos de la Angela Exterminadora". Su monigote acabó ardiendo en la hoguera del día de San José. Dos meses después, en concentraciones similares en Portugal, se vieron caricaturas de Merkel igualmente nazificada,que portaban virulentos manifestantes que, con ropa de luto, denostaban la “política de masacre de los pobres” de la dirigente.

Además, por supuesto, está Grecia, donde el fenómeno alcanzó su apogeo durante los incidentes, casi disturbios, de octubre de 2012, en los que el mundo asistió al espectáculo de ver ondear conjuntamente las banderas nazi y alemana, después quemadas ante la Acrópolis, en escenas que presagiaban la portada de Der Spiegel. En Italia, el periódico derechista Il Giornale no tuvo ningún escrúpulo en dedicar su titular del 3 de agosto de 2012 al surgimiento del “Cuarto Reich”. Del mismo modo, según páginas web del norte de Europa dadas a la conspiración, el empeño que ha puesto Alemania en apoyar al presidente ucranio, Petró Poroshenko, frente al ruso, Vladímir Putin, reproduce el sometimiento que sufrió Ucrania a manos de Hitler.

Después está Francia, donde parece que se compite por proferir las críticas más populistas contra el nuevo y detestable “imperio alemán”. Desde la extrema derecha, la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, regaña a Merkel por el “sufrimiento” que está infligiendo a los pueblos de Europa. Desde el extremo opuesto, tenemos a Jean-Luc Mélenchon, del Partido de Izquierda, arremetiendo contra la política de “austeridad” de Merkel, a la que invita a “cerrar el pico”.

El problema de esta germanofobia no es solo que sea estúpida, ni que constituya un síntoma más de la descomposición, ante nuestros propios ojos, del noble proyecto de favorecer una integración y una unión europeas cada vez mayores. No, el problema de la germanofobia actual es que, en contra de lo que nos quieren hacer creer los aprendices de brujo que la han atizado, ese comportamiento no es indicio de una auténtica oposición al verdadero fascismo que se atisba en el horizonte, sino, más bien, de la pleitesía e incluso de la contribución al mismo. ¿Por qué?
Hay varias razones. Para empezar, oponerse a la políticas social, económica y exterior de Alemania equiparando a Merkel con Hitler es banalizar a Hitler. Por legítimo que pueda ser el desacuerdo con esas políticas, Alemania es una de las democracias más cuidadosas y ejemplares del continente. Decir que se parece al régimen nazi —algo que en Europa todavía significa la destrucción de la democracia (y de la propia civilización)— es exonerar a ese régimen, y tranquilizar y dar alas a los neofascistas actuales, permitiéndoles, deliberadamente o no, volver a participar en el debate público. Es más (y aquí está la clave), casualmente, quienes más dispuestos están en desacreditar a Merkel son los mismos que no dudan en bailar el vals con neonazis vieneses o, como en Atenas, aliarse con los líderes de un partido extremista.

La polvareda que ha levantado el supuesto “reencuentro [de Alemania] con sus demonios” enmascara la voz de partidos fascistas —desde Amanecer Dorado en Grecia hasta Jobbik en Hungría, pasando por el SNS de Eslovaquia, el Vlaams Belang belga y el búlgaro Ataka— que se están consolidando en Europa. También hay que señalar la condición de mujer de Merkel, y que el odio a las mujeres —el desprecio que, junto a los judíos, les merecían a los teóricos racistas de las décadas de 1920 y 1930— ha sido un componente de todas las manifestaciones del fascismo. Los lemas que se escucharon en Valencia en octubre de 2012 —donde a los manifestantes se les instaba a corear, frente a la efigie de la canciller: “Amarás al dinero sobre todas las cosas” y “Honrarás a los bancos y a la banca”— tenían el inconfundible hedor de las antiguas retahílas sobre “el becerro de oro” y la “plutocracia cosmopolita”.

La gente ha comprendido que el antiamericanismo, nacido de la extrema derecha y alimentado en Alemania, por ejemplo, por la filosofía de Martin Heidegger y sus acólitos, es un aditamento del fascismo. Ha llegado al momento de que comprendamos que lo mismo puede decirse de la germanofobia. En Francia apareció con el novelista y activista antisemita Maurice Barrès, que veía en la filosofía de Immanuel Kant un vehículo de la “judaización” del pensamiento europeo. Triunfó con la Acción Francesa de Charles Maurras y con su prolongada guerra contra las “abstracciones judías y germánicas”. Y culminó con las células pardas que, todavía en la actualidad, en páginas web que prefiero no mencionar, ofrecen “manduca” y un “escondite” a personas que quieran “cargarse” a los “jefes” que están “a sueldo” de la canciller. La historia de las ideas tiene su lógica, su razón y sus caprichos, su inconsciente y su trayectoria. Negar cualquiera de esos elementos es tan vano como peligroso. Por eso hoy en día, frente a una fuerza oscura que surge, prolifera y se despliega en Europa, es tan absolutamente vital defender a Angela Merkel.

Bernard-Henri Lévy es filósofo.
Tomado de El País- España
© Project Syndicate, 2015.
Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.
divulgadormultimedia.blogspot.de


26.01.15

Renacer social

El líder de la coalición izquierdista Syriza se dirige a sus...
Alex Tsipras ante la multitud ganadora anoche en nombre de la Europa del Sur.


El mundo es cíclico. La historia muchas veces se repite para bien o para mal y esta sentencia a veces condena a quienes dicen ser nuestros dirigentes, un mero formalismo que conduce a la derrota y la incredulidad, al poco sentido de vivir. Curiosamente, Grecia, es el ejemplo más palpable de ese fracaso de liderazgo.
Los griegos constituyen uno de los fundamentos culturales de la civilización occidental, pese a sus errores, son baluarte de libertad.  Entre sus logros podemos señalar, el aporte al pensamiento filosófico, científico, sus reflexiones y creaciones artísticas y el desarrollo de la democracia como sistema político. Las vueltas de la vida, diría alguno, ha permitido que sea el país Heleno el que permita un “renacer social”.

Precisamente, este sistema político es el que a partir de ahora cambiará la historia de Europa. Tras el triunfo electoral de Syriza en los comicios de ayer, cabe esperar que Europa, Grecia y el mundo se transformen a mejor. No más austeridad, no pensar en los bancos o en los mercados y más en las personas. Cómo lo ha hecho Brasil o los países  nórdicos.
Su líder Alex Tsipras, decía a sus partidarios: "Grecia deja atrás cinco años de humillación. Nuestro pueblo es una muestra de una Europa que cambia".

Los ciudadanos griegos lo han perdido todo menos la dignidad y la lucha. Como una mujer mayor que llamó a un programa de tertulianos políticos,  demuestra lo contundente que es una historia personal que le puede suceder a cualquiera, no importa el lugar.




Pero el mal que vive Grecia, no es único, lo padecen en menor medida otros países como Portugal, Irlanda o la misma España. Todo, por políticas erradas, ambiciosas y despreciables de los dirigentes. Intentar beneficiar a los mercados o a los bancos, es una indignidad que debe ser pagada por sus ideólogos y falsos mesías. Anteponer el asunto económico por el humano, es la mayor falta de respeto al ser humano, al ciudadano y a sus expectativas. Lo dice el filósofo Gilles Lipovetsky: “Vivimos en un mundo estupendo. El problema, es que muy pocos tienen el dinero para disfrutarlo; pocos que cada vez son menos, mientras el resto luchamos contra la ansiedad que el híper consumo y la híper estimulación, la inmediatez y la falta de educación, nos generan”.
Es esa desigualdad, la que conlleva a situaciones límite, aumento de suicidios, pobreza absoluta, niños con hambre, sociedades injustas y gente sin esperanza de vida. Es paradójico que mientras eso suceda, el mundo no se asombre al conocer las grandes fortunas o los exagerados sueldos de políticos o dirigentes. Una vergüenza ajena y una bofetada para los creyentes, ni siquiera la iglesia se salva de tal descalabro.

Según datos de Intermon Oxfom, el número de milmillonarios se duplica durante la crisis mientras la desigualdad alcanza niveles extremos. Las 85 personas más ricas del mundo incrementan su fortuna en medio millón de dólares por minuto en el último año. Sólo en Latinoamérica y el Caribe el número de personas que acumulan más de mil millones de dólares creció un 38% de 2013 a 2014, el incremento por regiones más alto de mundo.



En el último año las 20 personas más ricas de nuestro país incrementaron su fortuna en 15.450 millones de dólares, más de 1.760.000 dólares por hora, y poseen hoy tanto como el 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas). En la escala más alta, el 1% de los más ricos de España tienen tanto como el 70% de los ciudadanos y tan sólo 3 individuos acumulan una riqueza que duplica con creces la del 20% más pobre de la población. En su conjunto, las 20 mayores fortunas de España alcanzaron una riqueza de 115.400 millones de dólares. Por eso, más que nunca necesitamos el aire de cambio y renovación de una clase dirigente, mediocre y ambiciosa.

En España tenemos un gobierno que usó durante más de 20 años una caja interna en B, es decir que no pagaban impuestos y que el dinero se entregaba en sobres y por debajo de la mesa, típico de cualquier mafia o país del Caribe. Ahora más que nunca la gente requiere ser representada dignamente,  Se hace esencial una vuelta de hoja, y si es como Grecia, bienvenida la gente.