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21.02.16

La felicidad y sus momentos

Hace unos días falleció Umberto Eco, (1932) Semiólogo, escritor, filósofo italiano y una de las voces más respetadas de la sociedad del siglo XX. Entre sus obras se destacan: Obra abierta (1962), Apocalípticos e integrados (1964); El superhombre de masas (1976) y El nombre de la rosa (1980) entre una extensa obra de ensayos y libros, su más reciente trabajo Número cero (2015). A Eco, le preocupó la sociedad, el consumismo, las injusticias, la pobreza, la política y  el devenir de un mundo pobre y totalitario. Por eso, nuestro homenaje a su memoria, es reproducir este texto sobre el Derecho a la felicidad publicado hace unos años en medios internacionales.


Umberto Eco

A veces me pregunto si muchos de los problemas que nos aquejan hoy en día —nuestra crisis colectiva de valores, nuestra susceptibilidad a la publicidad, nuestro insaciable deseo de aparecer en TV, nuestra pérdida de perspectiva histórica— no podrían atribuirse a un malhadado trozo de texto en la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

Como reflejo de la fe masónica en la magnificencia y el progresismo del destino, ese documento establece que “todos los hombres son creados iguales y están dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, entre los cuales están el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Suele decirse que, en la historia de la fundación de naciones, este documento fue el primero en declarar explícitamente que el pueblo tiene derecho a la felicidad más que simplemente el deber de obedecer. Y, a primera vista, efectivamente esto parece una afirmación revolucionaria, pero con el tiempo también ha provocado malas interpretaciones.

Se han escrito incontables volúmenes sobre la felicidad, desde tiempos de Epicuro y aun antes. Pero a mí me parece que nadie puede decir definitivamente lo que es realmente la felicidad. Si nos referimos a un estado permanente —la idea de que una persona pueda ser feliz a lo largo de toda su vida, sin experimentar jamás un momento de duda, sufrimiento o crisis—, una vida tal sólo podría ser la de una idiota o la de alguien que vive por completo aislado del resto del mundo.

El hecho es que la felicidad —esa sensación de plenitud absoluta, de alborozo, de estar en las nubes— es efímera. Es episódica y breve. Es la alegría que sentimos por el nacimiento de un hijo, al descubrir que nuestros sentimientos de amor son correspondidos, al tener el boleto ganador de la lotería o alcanzar una meta por mucho tiempo acariciada: ganar un Óscar, el trofeo de la Copa Mundial o algún otro logro culminante. Puede ser provocada incluso por algo tan simple como un paseo por una hermosa extensión de campiña. Pero todos estos son momentos transitorios, después de los cuales eventualmente vendrán momentos de miedo y estremecimientos, de dolor y de angustia.

Tendemos a pensar en la felicidad en términos individuales, no colectivos. De hecho, muchos no parecen estar muy interesados en la felicidad de nadie más, tan absortos están en la agotadora búsqueda de la propia. Consideremos, por ejemplo, la felicidad que sentimos al estar enamorados: con frecuencia coincide con la desdicha de alguien que fue desdeñado, pero nos preocupamos muy poco por la decepción de esa persona, pues nos sentimos absolutamente realizados por nuestra propia conquista.

La idea de la felicidad individual impregna el ámbito de la publicidad y el consumismo, en el que todo parece constituir un camino hacia una vida feliz: el humectante que nos devolverá la juventud, el detergente que elimina cualquier mancha, el sofá que tan milagrosamente podemos comprar a mitad de precio, la bebida que nos reconfortará después de la tormenta, la carne enlatada en torno a la cual se reúne jubilosa nuestra familia; incluso las toallas sanitarias que les evitan a las mujeres esos momentos de inhibición y bochorno.

Rara vez pensamos en la felicidad al momento de votar o de enviar a nuestros hijos a la escuela, pero casi siempre la tenemos en mente cuando compramos cosas inútiles. Y al comprarlas, pensamos que estamos disfrutando de nuestro derecho a buscar la felicidad.

Pero, a final de cuentas, no somos bestias desalmadas. En algún momento nos vamos a interesar por la felicidad de los otros. A veces eso sucede cuando los medios nos muestran la desgracia en su extremo: niños que mueren de hambre mientras son devorados por moscas, pueblos enteros devastados por enfermedades incurables o barridos por enormes marejadas. En esos momentos no sólo pensamos en la desgracia de los demás, sino que podemos sentirnos impulsados a ayudar. (Y, si de paso nos ganamos una deducción de impuestos, pues ni modo).

Quizá la declaración de independencia debió de haber dicho que todos los hombres tienen el derecho y el deber de reducir la infelicidad del mundo, la propia y la ajena. Quizás entonces habría más estadounidenses que entendieran, por ejemplo, que a nadie le conviene oponerse a la ley de atención médica accesible. Por supuesto, como son las cosas, muchos siguen oponiéndose a ella a causa de la equivocada sensación de que esa ley les obstaculizará ejercer otro derecho al parecer inalienable: la búsqueda de felicidad fiscal.



Umberto Eco
* Novelista y semiólogo italiano
Divulgadormultimedia.blogspot.de

28.08.15

No son ratas de alcantarilla


 Las sociedades del siglo XXI deberían revisar si persisten en dar la espalda  a la mayor crisis humanitaria que se vive por los refugiados en Europa o apuestan por la solidaridad. Estos  días, más que nunca se necesita cambiar el discurso intolerante, xenófobo y prejuicioso de quienes intentan vender por intereses económicos, políticos o sociales un mensaje discriminatorio y completamente inhumano.

Solo hay que ver y escuchar cada día las ocurrencias de Mr. Trump; seudo político millonario y racista que intenta convencernos de un mundo “blanco y sin inmigrantes”. Primero habría que borrar de la faz de la tierra la miseria, la exclusión y la pobreza de los millones de ciudadanos en el planeta. Trump quiere ganar la casa blanca a costa del miedo y la alevosía. Busca la confrontación y el voto fácil en los Estados Unidos. Lo peor es que haya mucha gente que se lo cree. Las  encuestas lo señalan como  posible candidato oficial del partido Republicano de ese país. Estremece de solo imaginarlo en el poder político.

Mientras en España,  el candidato del PP a presidir la Generalitat, Xavier García Albiol, ha prometido que  ampliará sus ideas discriminatorias a toda Cataluña, tras su fracaso como alcalde en Badalona. Quiere  hacernos creer que su mundo y Cataluña estarán mejor sin extranjeros. Otra manifestación  de ultraderecha, acorde con lo que piensan en su partido, intentando esconder su verdadera  intención prejuiciosa y arbitraria, ahora cuando se aproximan las elecciones emitiendo mensajes confusos sobre la tarjeta sanitaria para los inmigrantes, que ellos mismos suprimieron.

Pero el problema de la intolerancia, se cuece en todo el continente europeo y en toda parte, hay que observar los ejemplos en diferentes países y el ascenso rápido de estas facciones radicales que pregonan la antiinmigración y fomentan la xenofobia, muchos con presencia en el Parlamento Europeo.  También  en África, Latinoamérica, Asia u Oceanía, nadie se salva de la vorágine racista de este siglo. Parece una cacería  sin límites.

La canciller  alemana Angela Merkel ha calificado de "repugnantes" y "no dignos de nuestro país" los ataque xenófobos, la canciller visitó por primera vez Marxloh, un barrio de Duisburg  con bastantes problemas sociales, allí fue abucheada, mientras el vicecanciller Sigmund Gabriel visitó el albergue de Heidenau donde un grupo de unos 200 manifestantes convocados por el partido de extrema derecha NPD hirió a más de 30 policías en su empeño por destruir las instalaciones del centro temporal de acogida. Precisamente, por sus posturas frente al tema, el SPD (partido socialista alemán), ha sido amenazado. Según una fuente;  “Hemos recibido más de 300 correos y más de 150 llamadas telefónicas donde se insulta y se intimida a los empleados y los políticos del partido”, dijo.

Este año, este país recibirá a 800.00 solicitudes de asilo, cuatro veces más que el número de acogidos en 2014. Lo que ha provocado la virulencia de los xenófobos. En lo últimos días se han contabilizado 202 ataques hasta julio. Incluso durante las protestas se ha podido escuchar gritos de "Heil Hitler" o  "extranjeros fuera". Su odio o desinformación olvida que son personas como ellos. Familias, niños y mujeres, mueren hacinados en camiones o ahogados cruzando el mar. La mayor injusticia social comparada solo con la guerra.

El auge del Movimiento Pegida cada vez preocupa más al gobierno de Merkel. Pese a todo esto, la mayoría de la sociedad alemana comprende lo que pasa y ayuda a estas personas. Incluso, la televisión intenta mostrar programas que sensibilicen y den un enfoque real de la situación, hasta se ponen series de historia alemana donde se ve lo mal que lo pasaron los ciudadanos con la guerra. Para recordar que  casi todos los pueblos llevan consigo un lastre de pobreza y sufrimiento.

Según el  sacerdote Christian Wolff, quien durante 20 años ha trabajado con  exiliados en la parroquia de Santo Tomás en Leipzig y al que no parece asombrar esta ola de violencia. "Lo que estamos viendo es el resultado de varias décadas de fracaso en políticas de integración", apunta.

La alternativa
                                                                                   
Menos mal que no todo es discriminación, radicalidad o ataques xenófobos, existe una inmensa corriente europea, norteamericana, sudamericana, asiática e internacional, en el sentido amplio de la solidaridad, del respeto al “otro”. De reconocer que unos nacen con posibilidades y otros deben buscarlas, incluso arriesgando sus vidas y las de sus familias. Ayuda humanitaria sin complejos.

                                   Refugiados sirios  son bienvenidos en Alemania


Alemania, ha dado un primer paso, la Oficina Federal de Migración y Refugiados ha suspendido el Protocolo de Dublín, que data de 1990 y que obligaba a los refugiados a solicitar asilo en el primer país europeo en el que estuvieron. La medida solo afecta a los migrantes procedentes de Siria y no de otros países que busquen asilo. Los partidos políticos, en general, están mostrando una posición positiva y de ayuda a los refugiados, pero sigue siendo insuficiente.
                             
Otro buen ejemplo de solidaridad ha sido el del actor Til Schweiger  que creó una  fundación para ayudar a niños refugiados y que pretende “generar una atmósfera de bienvenida para las personas que tras huir del terror y la guerra se han visto expuestas a toda clase de desgracias y peligros”, ha señalado.
Según confirmó la empresa del artista, Barefoot-Films, la “Til Schweiger Foundation”, es ya una realidad y cuenta con el apoyo de personalidades de la sociedad alemana,  como el entrenador de la selección nacional de fútbol, Joachim Löw;  el presidente del Partido Socialdemócrata Alemán, Sigmar Gabriel; el rapero Thomas D;  el actor Jan Josef Liefers y el director de animación del canal de televisión ARD, Thomas Schreibe, entre otros.
                                                            
                                                                                              actor Til Schweiger   
                                                                                                            

El intérprete de películas como  “Malditos bastardos” de Tarantino, ha explicado que el apoyo de la fundación no está solo destinado a menores refugiados, sino en general a niños traumatizados alemanes, “de los que también hay muchos”, precisó.  El primer proyecto de la Fundación es apoyar al centro de acogida para refugiados en Osnabrück, en  Renania del Norte-Westfalia.  Schweiger dijo que sin necesidad de publicidad ya ha logrado recaudar 250.000 euros -100.000 de su propio bolsillo- para poner en marcha la fundación. El artista declaro que tomó la iniciativa de esta fundación al ver las noticias diarias y el drama que viven estas personas  para tratar de  conseguir un porvenir para sus familias.

Tanto Alemania, como los países europeos, iberoamericanos, africanos, asiáticos o de cualquier parte, tendrían que empezar con un proceso de aprehensión sobre los conceptos de solidaridad, ayuda y refugio llevándolos a la verdadera práctica, aunque sea con pequeños gestos contra cualquier tipo de discriminación. Para terminar de una vez por todas con la injusticia social, la muerte de víctimas inocentes, anónimas,  anteponiendo la idea universal de que todos son humanos no ratas de alcantarilla.

Rafa Cely Ulloa
Divulgadormultimedia.blogspot.de
Frankfurt-Alemania


20.07.15

Mujer de Magia Negra


Este 23 de julio se cumple un año más de la desaparición de Amy Winehouse, el ángel de la música que por su propia  naturaleza desapareció entre sus miserias e incomprensiones. Nos deja un inmenso mar de reflexiones disfrazadas con soul, jazz, rock y rhythm and blues y que desde acá veneraremos siempre. El siguiente texto escrito  desde la perspectiva de un conocedor de "los malditos", ya sean poetas, escritores o como en este caso artistas. El autor es profesor universitario de literatura y Lingüística en Colombia y además un estudioso de la música


Por estos días, se celebra el tercer aniversario de la sorpresiva muerte de Amy Winehouse. Con apenas dos álbumes grabados y algunas canciones póstumas que se recopilaron después de su muerte, la artista se ha constituido en la última gran figura de esa tradición que empezó con las grandes cantantes norteamericanas de jazz y blues, que empezaron cantando en las iglesias protestantes, y que posteriormente desembocó en el rhytm and blues, el rock y los ritmos urbanos actuales. Como si fuera un asunto de cábala o un presagio de Mujer de Magia Negra, Amy murió a los 27 años y de inmediato los medios y las redes sociales (esas alcantarillas del alma) la instalaron en ese antro de suicidas y excesos que se llama el Club de los 27. Allí se entronizó junto a los artistas que murieron en esa edad y casi en las mismas circunstancias: Jimy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Kobain, el lider  de Nirvana.

Frágil, bella, inestable, solitaria en medio de las multitudes y escenarios, clásica sin escuela y sin reglas, romántica sin un cementerio adonde llevar las glorias de la droga, esta inglesita, esta esquirla de Shakespeare, es la última gran voz femenina del jazz, el soul y el rock.De ningún artista, sino de ella, pienso,se puede decir que el artista nace, así lo admitió Tonny Bennet, esa leyenda viva del jazz, quien dijo que Amy "era la verdadera, la más seria, la más grande cantante de jazz". Su padre, un taxista de Londres, la modeló y la moduló cuando de niña le hacía escuchar las canciones de Frank Sinatra, Sara Vaughan o Dinah Washington, quienes después ejercieron una profunda influencia sobre ella. Así la vemos debajo de las lámparas de los escenarios, serena, cantando cosas difíciles y dolorosas; y su voz de contralto, subiendo y bajando en las escalas; su voz ronca y áspera, delgada, fina.  Todas las personalidades de su dicción, contando historias, de amantes en los suburbios de Londres, una tarde en Nottin Hill con dos rosas en la mano, ella llorando en una mesa de un bar entre vasos de whisky: "Siempre tengo que consolarte cuando estás allí, tú deberías ser más fuerte que yo, lo único que quiero es apretar tu cuerpo contra el mío".


Amy Winhouse  nació en 1.982,  en el seno de una familia de clase media, en el norte de Londres y creció en South Gate, un barrio judío. A los nueve años sus padres se divorciaron y la niña experimentó un fuerte trauma que la afectó profundamente. Vivió una niñez solitaria y ya en su adolescencia la vemos obstinada, autodestructiva y rebelde. En el colegio, siendo niña todavía, funda su primer grupo, Dulce y Acido. A los 12 años entró a la prestigiosa escuela de teatro de  Silvia Young, una academia para niños entre 10 y 16 años. En el examen de ingreso impresionó a todos por su talento natural y por ser ya una diestra y gran conocedora de las melodías del jazz y de los registros de las cantantes  americanas de gospel y de blues. Pero a los 3 años fue expulsada "por bajo rendimiento y mal comportamiento", así es que abandona el Theatre School. A los 17 años, junto a su amigo Stefan Skarbet, músico y letrista, hacen sus primeras maquetas, y de esa época data su primera canción dedicada a su mascota, un canario que había muerto en su ausencia, October Song. A los 14 años empieza a componer y se presenta en los pubs (bares) de Londres. Crea letras muy lindas en un inglés un tanto bárbaro y urbano. En 2002 una maqueta suya llegó a Marcus Beese, un productor allegado a la Island Records, y es así que a sus 19 años firma su primer contrato con esta empresa disquera.

En 2003, bajo la producción de Salaam Remi, aparece su primer álbum, Frank, un disco hecho con sus "materiales personales”; este primer trabajo logra 2 nominaciones al Brit Awards y alcanza el galardón a la mejor canción del año, y obtuvo disco de platino en el Reino Unido. Estas composiciones se enmarcan en la tradición de la música negra norteamericana, el rhythm and blues, el jazz, el rock y otras músicas urbanas.

 A pesar de ser el primer disco, Frank es un trabajo de gran madurez, su estilo, muy personal, ya está plasmado. Con un vibrato profundo y moviéndose en las sutiles tesituras de su voz, Amy empieza a revelar una subjetividad compleja, unos sentimientos contradictorios y violentos: "Los melodramas de mi vida me hicieron estallar/ pero nunca me odié tanto por mi edad..." Negándose a ser un producto prefabricado del pop, abrió las puertas de su propia vida y escarbó en sus sentimientos más profundos: soledad, alcohol, traiciones, una fe vulnerada  a costa de derrotas, pero al mismo tiempo, espiritualidad, una ternura que escudriña en las memorias desfiguradas de su mente o que recoge las fichas derribadas del juego del Amor. Sus letras y sus imágenes son limpias y brutalmente sinceras, que sorprenden por su ingenuidad y belleza: "Entonces te soborné en el piso de abajo con un Marlboro rojo/ Apareciste con tus jeans desgastados y tu camiseta de los beastie (¿los Beastie Boys?) /Me mandaste a volar cuando me pateaste en la acera.

Al tiempo que su fama crecía, se hizo famosa también por sus borracheras y por sus escándalos en los hoteles, se quedaba dormida en las mesas de los bares y a veces llegaba ebria a los escenarios, pero al día siguiente aparecía emboscada entre las cámaras de los paparazis, en medio de los flashes que estallaban en su cara, o se veía en los mercados públicos con talegos de flores o con una manzana en la mano, bella, tranquila, sonriente, aguantando todas las estupideces de los medios, o aparecía de la mano de Frank en los suburbios de Londres, burlándose de la soledad.


 Bajo la dirección de su nuevo productor, el joven músico y  disk jai Mark Ronson, aparece en Octubre de 2006 su segundo disco, Back to Black, que arrasa en las listas y llega a ser N.1 en el Reino Unido, gana el Brit Award a mejor artista británica y se alza con 5 premios Grammy en una velada memorable en Los Angeles. Sus ventas son millonarias y el álbum llega a ser el más vendido  en la historia del siglo XXI en el Reino Unido. Es una producción impecable, donde dialogan el jazz y el rock; el rhythm and blues y el soul. Son canciones dolorosas donde Amy canta sus experiencias de amores conflictivos, autodestructivos, historias de una joven que peligrosamente se ha refugiado en el alcohol, la heroína; son letras crudas, no exentas de masoquismo: "Lloré por ti en el suelo de la cocina/ yo simplemente debería ser mi propia mejor amiga/ no te jodas y llenes la cabeza con hombres estúpidos".

En efecto, en 2005, apareció en su vida el joven Blake Filder- Civil, una especie de gentleman de la canalla londinense; en las imágenes lo vemos delgado, alto, con sombrero de fieltro, gafas negras y con 3 letras tatuadas detrás de su oreja: AMY. Lo conoció en un pub y fue amor a primera vista. Ella conoció la felicidad, el paraíso. Se casaron. Pero como todo paraíso tiene su serpiente, iniciaron una vida de escándalos y tragedias, como aquel incidente del 2007 en el prestigioso hotel Sanderson de Londres, donde aparecieron cubiertos de heridas y con huellas de sangre. Se le acusa a él de haberla iniciado en las drogas duras. Sus relaciones con los medios se hicieron peligrosas e inciertas, una tarde aparecieron jugando con crías de ratas, y una periodista le preguntó a ella si haría un acto de autodestrucción frente a las cámaras de televisión. Meses más tarde se separaron y Blake fue a la cárcel por asalto a mano armada.
Esta soledad de hoteles vacíos, esta vida borrascosa entre el delirio y la nieve de Londres, esta vida vertiginosa cruzada de relámpagos y lágrimas fue la que generó, paradójicamente, la belleza de las canciones de Back to Black.

Una tarde lluviosa y gris de 2011 fue encontrada muerta en su apartamento, en Camden. En su cuarto la policía encontró 3 botellas de vodka vacías. Cuando los jueces de instrucción salían con el cuerpo en la camilla, apareció una nube de fotógrafos con sus cámaras, revoloteando como moscas, disparaban sus flashes que se desvanecían bajo el cielo lleno de niebla. La gente empezó a correr con flores, los medios empezaban a envenenar la tarde con sus inútiles e hipócritas mensajes. Y ella, la romántica, la que moría cien veces en un hotel esperándolo, nos dejaba a todos con las manos vacías, y ahora la miro, con el pelo al viento, corriendo, por los verdes jardines de Londres.

Por Kástor Cabrera Solarte
Escritor y docente en Colombia
Especial/ para divulgadormultimedia.blogspot.de